
Por mucho tiempo la mujer ha sido discriminada y eso en muchas de nuestras culturas por no decir en todas. Por supuesto, la discriminación toma varias formas dependiendo el tiempo y el lugar pero lamentablemente a la mujer se le confiere un lugar relegado.
En muchas culturas se les da más valor a los hijos varones pues estos pueden perpetuar la línea familiar, cuidar a los padres envejecidos y heredar propiedades.
Hay un dicho muy popular en Asia que dice “criar a una niña es como regar una planta en el huerto del vecino”
En los países sumidos en la pobreza, esta actitud de discriminación da como resultado niñas con menos alimentos, atención médica y educación.
En un país asiático se descubrió que el 15% de las niñas estaban desnutridas comparado con el 5% de los niños.
De acuerdo a un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en muchas naciones los centros de salud reciben dos veces más niños que niñas. Por otro lado, casi un 50% de las mujeres de África y de Asia son completamente analfabetas. La antigua embajadora de UNICEF dijo tristemente que actualmente en el mundo existe una terrible segregación sexual.
Cuando la niña se convierte en mujer, la segregación o discriminación no termina pues su vida adulta está marcada por la pobreza, la violencia doméstica y el trabajo agotador constante. Como señalo el antiguo presidente del Banco Mundial, las mujeres llevan a cabo las dos terceras partes del trabajo del mundo. Pero paradójicamente solo obtienen una décima parte de los ingresos mundiales y tienen menos del 1% de los bienes mundiales. Lamentablemente, ellas están en el grupo de las personas más pobres del mundo.